hermandad de la

Virgen de Gracia

Hermandad de Nuestra Señora la Santísima Virgen de Gracia

Según la tradición, la imagen de la virgen de Gracia fue hallada por un pastor en el interior de una gruta que se encuentra a las afueras de la ciudad, donde había permanecido oculta durante la dominación musulmana. Trasladada a la ciudad para contemplación del vecindario, milagrosamente regresó a la cueva, hecho que se interpretó como signo de la intención de residir en dicho lugar. Desde entonces santeros y ermitaños se encargan de su culto engrandeciendo su fama, hasta la llegada en 1477, por orden de Isabel I, de la comunidad jerónima de san Isidoro del Campo que eleva en su honor un convento sobre el risco.

A lo largo del siglo XVI su devoción fue creciendo e imponiéndose a históricas competencias marianas –díganse Antigua, Real o Cuevas– gracias al cuidado cultual de los jerónimos y a los continuos milagros que se le achacan. Para entonces la imagen deja de contemplarse como una talla sedente de pequeño formato, para completarse con el armazón con el que hoy se presenta, adquiriendo un ajuar textil y suntuario de importante envergadura. En 1757, fruto de la piedad advenida tras el terremoto de Lisboa que arrasó el convento, el mercedario Ambrosio de san Nicolás compuso el ejercicio de novena que aún se reza.

Para entonces la imagen visita la ciudad en tantas ocasiones como se solicita su intercesión hasta que, fruto de las desamortizaciones y por reclamación del Ayuntamiento, termina por trasladarse en 1835 a la antigua capilla sacramental de la Prioral. Poco antes, en 1818, un breve pontificio de Pío VII la había proclamado oficialmente patrona de la ciudad, un título que, a la postre, venía ejerciendo de facto desde hacía tres siglos. Es en estos momentos cuando la devoción se vuelve urbana y se instituye un nuevo culto ordinario más cercano. Con su definitiva entronización en santa María los munícipes y el clero se hacen cargo del fervor viéndose pronto engrandecido con composiciones musicales propias y publicaciones de carácter histórico.

Mermado el número de sacerdotes y dado la complejidad que habían adquirido los ritos, en 1948 la autoridad eclesiástica aprueba las reglas de una hermandad que tiene por fines mantener su veneración. A partir de entonces la entidad se encarga de aglutinar esfuerzos para la llevar a cabo la Novena en septiembre, acto que se engrandece en las denominadas fiestas patronales donde se incluyen rosario de la aurora, besamanos, romería y una revista, y a la que el Ayuntamiento adosa una realidad lúdica paralela. En estas primeras normas la corporación también se hace cargo, de manera delegada, de la conservación de la virgen de los Reyes, antigua Asunción titular de la Prioral.

En 1965 los emigrantes locales fundan una hermandad homónima en Barcelona. Al mismo tiempo, y a pesar de los intentos por mantener un uso ordinario en la ermita, como el traslado temporal de una copia de la patrona realizada por Francisco Buiza, el inmueble cae en la ruina. Por el contrario, en 1986 el marqués de las Torres dona a la entidad todas las joyas de la imagen.

La coronación canónica de la imagen en 1990 marcó un hito para la historia de la institución y de la ciudad, que vio nuevamente engrandecido y actualizado el fervor vecinal que la entidad ha respondido con nuevos cultos anuales en mayo y contínuas menciones de recordatorio de desposorios y defunciones.

SANTÍSIMA VIRGEN DE GRACIA

Imagen de fines del siglo XIII de estilo gótico catalán. En su compostura original responde a una imagen de talla completa, sedente sobre un trono con el Niño en el regazo, una theotokos. La icona está realizada en madera de cedro con una altura de 55 centímetros. Como Maiestas Mariae concentra todo su carácter expresivo en la cabeza y las extremidades, es por ello que éstas se realizan de mayor magnitud que el resto del cuerpo. El rostro es simétrico, como es propio del ideal de belleza sagrada bajomedieval, compuesto por una nariz prominente, ojos almendrados y boca de pequeño formato. La imagen, de buena factura, se encuentra completamente policromada. Las encarnaduras faciales son pálidas, refrescadas en los pómulos. Llama la atención el color claro de los ojos que dan pista de su origen nórdico. Los bucles de su cabellera y las vestimentas se encuentran doradas.

A fines del siglo XV se viste por primera vez. Para disponerla al tamaño actual se cercena la parte delantera de la obra y se realiza una estructura que la sobreleva hasta el tamaño actual. En ese instante se disponen brazos de esparto y se realizan unas nuevas manos y el Niño, dispuesto en pie, bendiciendo y sujetando el mundo. Pero es en 1649 cuando se dispone el talle tal y como lo conocemos hoy, vestida a la ausanza de la corte de los Austria, construyéndose un armazón inferior que simula un guardainfante sobre el que se coloca la basquiña y el resto de la vestimenta. Alrededor se dispone la ráfaga de santidad y se corona como reina.

TEMPLETE

Obra plata de fines del siglo XVII que ha sido utilizado tanto como baldaquino de camarín como de palio sobre andas. Compuesto por cuatro columnas con basas sobre las que descansa un techo adintelado, de planta cuadrada, que evoluciona en cúpula calada. La decoración, cincelada y repujada, se concreta en vegetales, formas geométricas, medallones con las letanías y cuatro jaras de azucenas.

CARRETA

José Arpa realizó tres diseños de carretas que, a fines del siglo XX, fueron sustituidas por un templete de plata del siglo XVIII adquirido a las hermanas concepcionistas, habiendo sido el templete de su titular. Se compone de cúpula gallonada que se abre en arco y se apea sobre cuatro columnas. En su decoración se desarrollan temas barrocos vegetales y geométricos, así como un conjunto de mariologías sobredoradas y azucenas, y corona imperial en relieve.

INSIGNIAS

Posee un importante ajuar que se ha mantenido unificado gracias a la compra de un centenar de piezas históricas que realizó en subasta pública el décimo marqués de las Torres durante la desamortización. En su joyero llaman la atención los rostrillos, las medallas femeninas y, por lo simbólico, la cadena de filigrana dornada por el capitán Gregorio Morena en 1659. Además, cuenta con un extenso vestuario, igualmente suntuoso, entre los que destacan el ‘traje de perlas’, el ‘verde nilo’ y, por lo ignoto, la camisa mudéjar con que fue envuelta durante siglos.

Reseñables son los dos simpecados, uno dieciochesco y otro actual, el tesoro visigodo, y el altar del Corpus, que custodia y que hoy se dispone en la Novena.